¿Y tú?...¿Qué espada usas?
- 5 abr 2016
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Para cultivar el carácter existen varios caminos, para todos ellos que llegan a la cumbre, todos en su huella ven la misma luna.
(Sensei Kenzo Miyazawa)

Quisiera empezar este escrito con un relato tomado del libro “El zen y la cultura japonesa” de Daisetz T. Suzuki; para poder llevar a cabo los conceptos e ideas que se buscan ahondar dentro de este post:
“La espada japonesa (katana), tiene un profundo atractivo para el alma del pueblo nipón. Los japmiran, en verdad, no como un arma de destrucción sino como un objeto de inspiración. De ahí la leyenda de Okazaki Masamune, el fabricante de espadas.Masamune vivió en la última parte del período Kamakura, y sus obras son universalmente estimadas por todos los expertos por su excepcional calidad. En lo que atañe a su filo, las espadas de Masamune quizás no sean superiores a las de Muramasa, uno de sus más cualificados discípulos, pero a Masamune se le atribuye algún tipo de inspiración moral que tiene su origen de su propia personalidad.La leyenda dice así: alguien trató una vez de probar el filo de una espada de Muramasa, y la colocó en una corriente de agua, observando que ocurría con las hojas muertas que, arrastradas por la corriente, chocaban contra ella. Comprobó que todas las hojas que daban contra el filo quedaban cortadas en dos. Entonces, colocó a continuación una espada de Masamune, y cuál no sería su sorpresa al constatar que las hojas eludían la espada. La Masamune no estaba inclinada a matar; era algo más que un instrumento de corte, mientras que la Muramasa no podía trascender la acción del corte, pues no había nada divinamente inspirado en ella. La Muramasa es terrible, la Masamune es humana. Una despótica e imperialista, la otra es sobrehumana, si cabe expresarse de esa forma. Masamune casi nunca grabó su nombre en la empuñadura, aunque tal cosa era práctica habitual entre los fabricantes de espadas.”
Dentro de la práctica de las artes marciales, casi todas, buscan un objetivo: la trascendencia humana. Sin embargo se encuentran también las dicotomías, una de ellas es la del Satsujinken (espada que mata) y Katsujinken[1] (espada que preserva la vida); muchos maestros dicen que Katsujinken representa el sistema nervioso humano, la percepción (los sentidos), la compasión, la gentileza, el más fino y armonizado intelecto. Lo que es decir, lo mejor del espíritu del hombre. Por otra parte, la espada inferior, aquella que lo corta todo, Satsujinken, la espada que quita la vida, la espada que es solo un mero instrumento técnico, representa la patología de la mente, la agresión, las pasiones bajas, las tendencias bajas. Es decir, lo peor del espíritu humano. La espada superior es aquella que da vida, la espada que cura y purifica. Este Iki — Ken (espada de vida) es la fuerza unificadora, la fuerza que revivifica, la fuerza curativa que emana de nosotros y de la naturaleza.
Estas dos perspectivas son más que evidenciables dentro de la vida diaria como dentro del contexto de las artes marciales, tanto competitivas como tradicionales; dado por su origen bélico, y por lo tanto el practicante se puede ver influenciado por cualquiera de estas perspectivas, una radica más por la falta de objetivos claros o errados, la otra se hace evidente cuando se le da un sentido trascendente a la práctica más allá de un tatami y se vincula con el quehacer dentro de una sociedad, para serle útil y por lo tanto, ser una herramienta de cambio.
Las artes marciales nos pueden salvar la vida o en definitiva quitárnosla por medio de nuestro propio ego; cuando me refiero a quitarla no refiero solo al hecho literal de morir físicamente, sino de forma social y psíquica, nada peor que un ignorante con poder y conocimiento, se convierte en un dictador, y esté solo es capaz de juzgar a través de su propia medida sin poder ver el diverso y extenso universo; hubo y hay varios luchadores que no pudiendo superarse tuvieron y tendrán destinos miserables.
Lo que se haga a través del entrenamiento constante, dentro y fuera del dojo es lo que marca la diferencia entre el ser un preservador de vida o un destructor; toda y cada una de nuestras acciones tienen una consecuencia dentro de nuestro alrededor, en palabras de sensei Kenzo Miyazawa, “Virtudes, esfuerzos, conductas, no son cosas temporales, no desaparecen nunca, aunque se apague la luz, esto es lo importante va y viene en el mundo del inconsciente según la ley de la naturaleza, CAUSA Y EFECTO.”.
Tú decides si ser una Muramasa o una Masamune…el valor de tu filo no radica en lo agudo de este, sino lo que hagas del mundo con él.
[1] O espada divina; En este sentido, la espada blandida por Jimmu Tenno fue de Aiki Myo Ken (la espada maravillosa que da vida). Esta historia es la primera y más antigua mención, de “La espada que da vida”, la espada divina. Jimmu Tenno fue el primer emperador de Japón y fundador de la línea imperial que se extiende hasta nuestros días, el nieto de Amaterasu Omikami y además es conocido por establecer y unificar Japón.






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